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De Homínidos y demás Caninos Aulladores

Lunes, marzo 19, 2012
Wolverine.Lupae

Si por casualidad eres un ser proveniente del espacio exterior y estás leyendo esto, se me ocurren varias explicaciones:

1. La invasión extraterrestre está a punto de dar comienzo y tú formas parte de la avanzadilla de reconocimiento.

2. Te has perdido y buscas el camino de vuelta a casa, pero el mundo de pecado que se encuentra ante ti te seduce frente a la porquería pacífica en la que ahora vives en Urano, Saturno o a saber dónde.

Me decanto por la segunda opción, ya que una cualidad deleznable, aunque en ocasiones se considere adecuada, del ser humano es la de causar dolor. Pero no estamos hablando de un mal necesario como justificaría Macchiavelo (que por cierto tengo pendiente) sino del mero hecho de dañar por dañar, destrozar por placer, de ponerte erecto tras conseguir la absolución de algún asesino… cosas por el estilo. Porque, oh, señoras, señores y señoritas, yo sentencio (pospongamos el momento de cuestionar mi autoridad moral y ética para realizar la siguiente afirmación) que:

el hombre (ser humano por definición) es impepinablemente un desgraciado con sus semejantes

o lo que viene a ser lo mismo homo homini lupus que por no parafrasear a Thomas Hobbes me ha salido un tanto rara (la afirmación).

Y aunque he puesto varios ejemplos un tanto exagerados, lo cierto es que no hace falta irse tan lejos para aclarar este aspecto del ser humano. Y además, debo añadir, no se trata de que todo el mundo se comporte de la misma manera mezquina o malvada, pero si que un elevado porcentaje (76% por ejemplo) tiene pensamientos impuros, entendidos de una manera atea y moral.

Utilicemos un caso práctico para ponernos en situación y comprender de que va todo esto del homo homini lupus

Estás en casa leyendo un libro, obsequiando tu oído con el saxo de Coltrane y deleitando tu paladar con un tinto de Borja (sí, esto es un guiño), ajeno a todo lo que te rodea. De repente tu tranquilidad se distorsiona al irrumpir un rugido mecánico por la ventana. Tu vecino ha llegado en su Ferrari y lo aparca en el garaje junto al clásico restaurado Alas de Gaviota. Tu mirada pasa del libro a la foto enmarcada de un Ford Fiesta. Dejas la copa sobre la mesa mientras notas como la temperatura de tu cuerpo asciende ligeramente. Dejas el libro al lado del marco que contiene la foto de tu boda, tu mujer y tu con una sonrisa tonta en la cara. Una mujer que tuviste que desposar porque la dejaste embarazada; Estás en la ventana y te asomas. En la puerta de la casa de tres pisos, piscina y cenador que está frente a ti una hermosa mujer de no más de veinticinco añitos espera con unos labios carnosos y pose sensual. Tu vecino se acerca y la besa para luego girarse y saludarte amistosamente. Tu le devuelves el saludo y te miras en el espejo del salón. Lo único que ves es un pelo canoso a los cuarenta y tan solo puedes compararlo con el de tu vecino, negro, saludable y entre los dedos de una moza de buen ver, a lo que reaccionas como cada día a la misma hora. rompes a llorar y maldecirte.

Tras una detallada y densa explicación de los hechos, concluimos que los sentimientos que te domina es la envidia y el deseo por lo ajeno, siendo este el menor de ellos y sin profundizar mucho en el asunto (pues podriamos llegar al roboasesinato).

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Y ahora, veamos el mismo caso desde otro punto de vista.

La situación es la misma, pero ahora eres tu el que llega con el Ferrari. Tras saludar a tu vecino, entras en casa y te vas a dar una ducha. Allí gritas y te maldices. Maldices tu vida, acaudalada pero infeliz. Tu mujer se acuesta con otros y no tienes ni un momento de respiro para disfrutar de una vida sencilla, sin complicaciones, en la que puedas descansar leyendo un buen libro mientras escuchas Jazz y paladeas un buen vino.


La situación es diferente, pero el sentimiento es el mismo. La misma envidia malsana recorre tanto el cuerpo de uno como de otro. No importa lo que tengas porque al final desearás lo que tiene otra persona. Desearás su felicidad, sin saber que detrás de esta se esconde un mismo sentimiento. De ahí que la afirmación homo homini lupus, explique a la perfección el comportamiento del ser humano. Y repito que esto no significa que todos los seres humanos se comporten así. Me han enseñado a no generalizar, por lo que acudo a la casi mayoría – altos porcentajes.

Y con esto quiero dejar suspendido un post con continuación. No sin antes explicar que la frase original en la que me he basado es “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” que significa: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”, extraída de un texto de la obra Asinaria de Plauto, y que al igual que hizo  Hobbes al interpretarla, yo la enmarco en mi terreno y la miro desde un prisma diferente y subjetivo. Porque al fin y al cabo que es la ética sino un montón de ideas subjetivas tomadas como universales?

Saludos desde La Guarida – TOmás ILiescu

Notas Adicionales – Fuentes y explicaciones varias a quien interese

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